"No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo. " (Oscar Wilde)



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miércoles, 2 de enero de 2008

Elecciones primarias


Como algun@ ya sabéis, soy una lectora incondicional de Eduardo Mendoza y no podré ser objetiva a la hora de comentar su novela: “Mauricio y las elecciones primarias”, a pesar de ello, dado que adquirí el compromiso de dar mi punto de vista sobre la citada novela, aquí estoy…

“Según los teólogos, los ángeles no son eternos. Sólo Dios es eterno, y Él creó a los ángeles en un momento de eternidad, anterior a la existencia del tiempo. En consecuencia, y aunque de hecho los ángeles son inmortales, nada garantiza que hayan de existir eternamente, salvo la voluntad de Dios. En cualquier momento Dios podría eliminar a uno, o a varios, o a todos, con causa o sin ella. Los teólogos afirman que la cosa es improbable y que no ha ocurrido nunca. Sólo una leyenda poco fiable, seguramente derivada de un error de traducción, refiere el caso de Rahab. Rahab era el ángel tutelar de Egipto cuando el pueblo judío, guiado por Moisés, emprendió el éxodo hacia la Tierra Prometida. Aun sabiendo que Jehová estaba al lado de Moisés y del pueblo elegido y que, por consiguiente, llevaba todas las de perder, Rahab se negó a abandonar a quienes habían sido confiados a su protección, y en el desastroso episodio del Mar Rojo, pereció en el ejército del Faraón.”

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Eduardo Mendoza es un escritor de múltiples registros y en esta novela vuelve a demostrarlo una vez más. Estamos ante una novela totalmente diferente a otras del autor y quien la lea esperando encontrar un Eduardo Mendoza predeterminado, corre el riesgo de llevarse una decepción puesto que esta historia no es comparable a ninguna de las que hasta ahora ha publicado.
Aunque el título de la novela y las primeras páginas de la misma (dato curioso, a lo largo de sus casi 400 páginas, la novela se estructura en un único capítulo dividido en diferentes apartados) sugieren que el argumento girará en torno a unas elecciones políticas, la realidad es bien diferente y las elecciones primarias a las que hace mención son esas pequeñas elecciones que cualquiera realiza en cualquier momento de su vida, elecciones básicas que la mayoría de las veces se toman sin plena consciencia de su repercusión.
Los protagonistas: Mauricio, un joven indeciso y sin carácter, pero con ideales y ganas de vivir (curiosa su ocupación, dentista, contrapunto entre la falta de “glamour” de la profesión y los elevados ingresos que genera, que me disculpen los dentistas si hay alguno por aquí…); Clotilde que acaba de licenciarse en derecho y anda de becaria en el bufete de un abogado turbio que hace que todavía se muestren con más claridad sus dudas entre la elección de defender a los pobres desheredados o a los ricos sin escrúpulos; y La Porritos, el personaje más tierno y entrañable de toda la historia, mujer de los suburbios, la de convicciones más firmes y destino más cruel, son personas normales con las que cualquiera podríamos sentirnos identificados, al igual que con el resto de personajes secundarios. No hay héroes ni villanos, simplemente gente corriente que vive experiencias corrientes. Pero, a pesar de que pueda dar la sensación de que lo que se explica no tiene trascendencia alguna, el resultado es todo lo contrario puesto que esos personajes y esa historia nos documentan perfectamente lo que era la sociedad barcelonesa en la época en que transcurren los hechos y nos da las claves para entender hacía donde ha ido evolucionando dicha sociedad en los últimos años. La acción transcurre en el período comprendido entre las segundas elecciones autonómicas después de la dictadura, ganadas por Jordi Pujol, y la nominación de Barcelona como sede olímpica, es decir entre los años 1985 y 1986. Un período de desencanto en el que se puso de manifiesto que la política española no tiene nada que ver con las ideologías y en el que se van produciendo cambios que desconciertan a la sociedad. Es también la crónica de una generación llena de ideales, dispuesta a cambiar el mundo y a la que, al fin, el mundo cambió.
El sentido del humor está presente de manera sutil a lo largo de toda la novela, no es la sátira ni la parodia de alguna de sus obras, pero la forma en que Mendoza nos va describiendo cada una de las situaciones, hacen que por muy dramáticas que sean, una sonrisa, a veces nostálgica, nos acompañe. Y, claro, también está presente Barcelona, mi querida y odiada “ciudad de los prodigios”.

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“Mitologías de civilizaciones tan remotas e incomunicadas como Mesopotamia y la América Central, dan por cierta la presencia fugaz sobre la tierra de una raza de gigantes o titanes engendrados en el pecado, por lo que la perversidad era consustancial a su naturaleza y se veían inclinados al mal y a la violencia. Las mitologías coinciden también en que fueron esos seres de origen tenebroso y destino trágico quieren enseñaron a los hombres las cosas que habían de permitirles dominar el mundo: el fuego, la agricultura, la escritura, la medicina, la adivinación y los horóscopos, la técnica de trabajar los metales y fundir estatuas, de donde saldrían los ídolos, y la fabricación y el manejo de las armas. No hay acuerdo sobre si estas aportaciones fueron buenas o malas o si los hombres habrían podido sobrevivir sin ellas. Sí hay acuerdo sobre el fin de esta raza: con las armas de que ellos mismos se habían dotado, lucharon entre sí hasta acabar los unos con los otros sin excepción. En algunas versiones, sus huesos amontonados son el origen de las montañas. Otra versión menciona como de soslayo un grupo reducido de individuos, que a veces son ángeles y a veces hombres, dedicado a llorar su recuerdo por toda la eternidad, inútilmente.”

(Fragmentos de “Mauricio o las elecciones primarias”, Eduardo Mendoza)


P.D. Como he dicho al principio, esta entrada es el pago de una deuda pendiente contraída hace días en otro lugar con un pingüino. Amech, va por ti, pero ahora léete el libro y dime que te ha parecido… por cierto, espero tu comentario sobre la novela “kafkiana” ;-).

.o0(al menos esta deuda ya queda cancelada, a ver si me toca la lotería del niño y puedo cancelar las demás, je, je, je)





sábado, 8 de septiembre de 2007

Informe sobre el Conejo Blanco (Cotilleos para Mangeles)


Nunca es tarde si la dicha es buena

Cuando el tren llegó a la estación, el Conejo Blanco me estaba esperando tal como habíamos quedado; le reconocí enseguida, no tanto por las fotografías que me había enviado, como por su avatar que realmente le hace justicia.

Es tal cual me lo imaginaba: sobrio, serio, comedido, algo torpón y tímido (no tanto como dice)… en dos palabras: castellano viejo (y eso no hace referencia a la edad, que conste), tiene un gran sentido del humor y, durante el tiempo que compartimos, confirmé lo que ya sospechaba: le encanta tomarnos el pelo.

Tenía programado un plan minucioso, durante una hora le acompañé a través del interesante recorrido turístico-cultural que me había preparado por las calles de su ciudad. Camina a grandes zancadas (imagino que su acompañante habitual en esos paseos cotidianos de los que nos habla tiene que ir trotando para no quedarse rezagado), aunque cuando le advertí de ello, intentó adaptarse a mi paso porque es todo un caballero. Puso de manifiesto artes de prestidigitador cuando le comenté que me hacía falta un plano para ubicar los lugares que visitábamos y, como por arte de birli-birloque, se lo sacó del bolsillo, dejándome, claro está, con la boca abierta. Concluida la hora de paseo, casi cronometrada, me llevó, como no podía ser menos, a un lugar modernista (este Conejo Blanco sabe demasiado sobre mí).

Nos refrescamos con unos granizados (no hubo cava a pesar de que era lo que yo esperaba, en eso me decepcionó, tengo que reconocerlo) mientras compartimos una conversación animada y amena sobre diferentes temas, en directo es mucho mejor conversador que en el trato virtual, y el tiempo de que disponíamos pasó rápidamente, dejándonos una, creo que compartida, sensación de tiempo insuficiente que espero podamos compensar en otro momento. Haciendo honor al personaje del Conejo Blanco, miró su reloj diciendo que se tenía que marchar; un reloj, por cierto, muy actual y de diseño moderno que me sorprendió gratamente, no era el reloj que le hubiera imaginado antes de conocerle.

Físicamente no es el armario de dos cuerpos que Mangeles me había cotilleado a escondidas (ésa ha sido una de sus muchas bromas), su estatura está dentro de la media entre los hombres de su generación, aunque tampoco puede decirse que sea bajito, su aspecto es cuidado y agradable, aquel día llevaba una camisa alegre y juvenil que le favorecía y le restaba un poco de severidad y circunspección. Para mí fue un auténtico lujo pasear en la compañía de un hombre tan atractivo (dejo el tema que no quiero que el ego del Conejo Blanco se infle en exceso, no vaya a ser que luego no haya quien le aguante, que ya sabemos que los halagos femeninos le agradan en demasía).

En resumen, fue una muy estupenda tarde de agosto en la que pude hacer realidad un deseo que pensaba que nunca podría cumplirse: conocer en persona al Conejo Blanco, todo un privilegio y un placer. Espero que después de estos comentarios no salga corriendo y me vea obligada a perseguirle como en el cuento… Ahora es él quien me debe una visita…