"No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo. " (Oscar Wilde)



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martes, 10 de junio de 2008

¿Nuevas técnicas de ligue?

Estaba trabajando en el ordenador y tenía el Messenger abierto, aunque figuraba sin conexión, cuando me ha saltado una ventanita con el aviso de que alguien quería agregarme a su lista de contactos, era una cuenta desconocida. A veces pasa eso, alguien que no sabes si por un error involuntario o por el uso consciente de direcciones que ha extraído de no se sabe donde, te agrega a su lista. Ya me ha pasado en más de una ocasión y he observado que aunque no aceptes esa invitación, el contacto se queda registrado igualmente, así es que he decidido aceptar la invitación y tratar de ponerme en contacto con la persona para que me explicara quién era y porqué me había agregado, ha dado la casualidad de que en aquellos momentos aparecía como conectado y he iniciado la conversación. He pensado pegarla aquí para que quien lo lea pueda extraer sus propias conclusiones:

A: Hola, buenos días, acabo de recibir una invitación tuya por aquí y no sé quién eres...
J: Hola, no me diste la dirección ayer?
A: pues no me suena, la verdad
A: cuándo y dónde te di la dirección? De qué nos conocemos?
A: (de cualquier manera soy muy despistada…)
J: trabajas en algo relacionado con la informática?
A: pues no directamente
J: de dónde eres?
J: a qué te dedicas?
A: soy de Barcelona
J: pues entonces estoy despistado
J: no sé de qué podemos conocernos
J: cuántos años tienes?
A: igual ha sido un error y querías agregar a otra persona con una cuenta semejante a la mía…
A: tengo 50 años (muy bien llevados, por cierto, jejeje)
J: jeje, vale, eso de hacerse publicidad está bien

En este punto debo decir que desde el principio de la charla, mi contertulio, por llamarle de alguna manera, a partir de la segunda o tercera frase había puesto una foto en la ventanita de la conversación que correspondía a un hombre de unos 40 y pocos años bastante atractivo físicamente y, por la forma de escribir, parecía también alguien lo suficientemente culto para hacer un uso correcto de la ortografía y la gramática.

J: no tienes una foto?
A: la tengo puesta
J: pues no la veo, sólo un pitufo azul
A: será porque estoy sin conexión
J: puede ser, pero sólo veo el muñeco
A: de todas formas… éste es el sistema que utilizas para ligar???
J: jeje, poniendo direcciones al azar? No fastidies, que soy hombre de ciencias
A: yo que sé… por lo que llevo visto hay gente para todo en este mundo…
J: ya, ya, pero poner direcciones al azar…
A: bueno, de momento sólo te has limitado a hacerme el “currículum” sin soltar prenda…
J: bueno, pregunta, no te cortes
A: a mí ni me gusta hacer preguntas ni que me las hagan
J: vale, me quedo mudo
A: de todas formas, sí que siento curiosidad por una cosa… de dónde has sacado mi dirección de correo?
J: mira, he agregado dos o tres personas los últimos días
J: alguna relacionada con el trabajo, otras no
J: igual me equivoqué en la dirección
J: hace días que no entras?
A: pues en ese caso seguro que no ha sido por temas laborales, esta cuenta es personal y no la utilizo para el trabajo
J: entras en el Chat de terra?
A: hace mucho que no entro, años…
J: pues ni idea
A: pues yo menos
J: a qué te dedicas?
A: bueno…
J: no puedo preguntar?
A: no he dicho que no puedas preguntar, he dicho que no me gustan las preguntas y, desde luego, me reservo el derecho a contestar…
J: caray, qué genio
J: en qué zona de Barcelona vives?
A: a la personalidad ahora se la llama genio?
J: bueno, era por no darte coba, la verdad es que la palabra adecuada es personalidad
J: pero fuerte
A: bueno, a mí me ha sonado precisamente lo contrario… algo así como… qué borde es esta tía…
J: perdona, no lo he dicho en ese sentido
A: bueno, tampoco pasa nada si así hubiera sido
J: no puedes conectarte para que pueda ver tu foto?
A: voy a seguir siendo borde… y qué interés puedo tener en mostrarte mi foto?
J: bueno, a mí me pica la curiosidad
J: y qué puedes perder por enseñarla (si es verdad que te conservas bien)
A: es curioso, cuando alguien llama por teléfono y se ha equivocado, suele pedir disculpas, se despide y cuelga… sin embargo, por aquí, lo que resulta es que termina picándole la curiosidad…
J: es que no creo en el azar, me gusta entenderlo todo
A: ya ves, a mí esto me suena más a causalidad que a casualidad…
J: bueno, tengo que dejarte, qué tengas un buen día y no trabajes mucho
A: suerte
J: bye, bye
A: (ah, por favor, elimíname, me fastidia tener contactos de esos que no desaparecen del todo. Gracias. )




miércoles, 19 de diciembre de 2007

Hablar por hablar


Más vale parecer un idiota con la boca cerrada,
que abrir la boca y disipar toda duda.

El Chonji

Este mundo de la blogosfera, o Blogilandia, nombre que a mí personalmente me gusta más, es como un nuevo País de la Maravillas –siempre me he considerado una “Alicia”, eterna curiosa que se mete en mil líos por sus ansias de conocer (uno de mis personajes literarios favoritos, claro está). Leer blogs se ha convertido ahora en otro de mis vicios habituales. Hay blogs intelectuales que son una auténtico manantial de sabiduría, blogs de opinión en los que te encuentras comentarios sobre las más variadas cuestiones, blogs temáticos sobre cualquiera que sea el tema que te plantees, blogs literarios en los que quien allí escribe manifiesta sus dotes en ese sentido, blogs personales que son un reflejo de la personalidad real o ficticia de su autor… en fin, infinidad de tipos de blogs, algunos francamente interesantes y admirables, y otros que no tienen si quiera el más mínimo respeto a las reglas gramaticales de la ortografía y la sintaxis, por no decir nada del contenido de las entradas que en ellos se exponen de interés escaso o nulo. Todos sobreviven en este nuevo universo y todos son igualmente válidos y respetables, cada uno decide cual de esos blogs desea leer por lo que le puede aportar o cual desea ignorar.

Desde hace algún tiempo, uno de mis contactos en Messenger tiene como presentación la frase que hoy encabeza este escrito y cada vez que abro la ventana de contactos, la frase sale a mi encuentro. Desde que la leí no he parado de preguntarme si el enunciado de la misma me lo debería aplicar o no, después de todo, por aquí no hago otra cosa que hablar por hablar y, seguramente, demostrar mi idiotez. Tranquilos que no os voy a poner en el compromiso de tener que contestar a esa pregunta, todavía recuerdo lo que me decía mi madre con su sabiduría en “zapatillas” cuando alguna de las respuestas a mis infantiles porqués me desagradaba: “si no quieres que te respondan lo que no quieres oír, no preguntes”… “porsiaca” no preguntaré… mi intención es seguir escribiendo porque me encanta hacerlo y una respuesta afirmativa podría dar al traste con mis ánimos pseudos-literarios.

Pero, volviendo a la frase de referencia, y enlazando con el párrafo anterior, me planteo que sí, que debo seguir hablando por hablar o dialogando conmigo misma, porque, a pesar de mis dudas e inseguridades, mi blog, sin falsa modestia, jejeje, tiene unos mínimos que no tienen alguno de los blogs que he visitado y, por lo tanto, puede continuar habitando en este País de las Maravillas sin desmerecer. Así es que, seguiré con la boca abierta y, si alguien se anima a crear un debate sano y constructivo sobre los temas que vayan apareciendo me sentiré doblemente encantada.

Lo que no voy a aceptar es a esos personajes que en el mundo “blogero” se denominan “trolls”, personajes que no aportan nada a la buena marcha del blog, hablando por hablar sin decir nada y envolviendo su discurso vacío, a veces, en hipócritas palabras de halago o, bien, entrando en el terreno de la descalificación personal, buscando sólo llamar la atención sobre sus insulsas personas. Sus comentarios no serán eliminados en este blog porque es un blog abierto con un gran respeto a la libertad de expresión de todos los lectores o bloggers que deseen seguir visitando esta página, pero me reservo el derecho a responderles porque prefiero emplear mi tiempo en cosas que me aporten algo más positivo. Esos “trolls” sí que deberían aplicarse la frase que ha dado origen a esta entrada.

Espero que con esto no se me tache de maleducada o de anfitriona poco hospitalaria. Mi objetivo al hacer esta entrada ha sido sentar las bases para el buen funcionamiento del blog de ahora en adelante y para evitar quemarme por sentirme obligada a cumplir compromisos que me vienen impuestos y no deseo adquirir. Creo que la tranquilidad anímica que voy a conseguir con esta decisión, redundará en beneficio del resto de lectores y comentaristas que me sigan leyendo.




martes, 23 de octubre de 2007

Piensa mal y no te timarán…


Oigo el sonido de la entrada de un mensaje de teléfono móvil, de inmediato cojo el aparatito para ver que es lo que me quieren comunicar, el mensaje viene de un número normal que no está en mi agenda y dice:
“perdona no quiero que pienses mal de mi solo quiero que leas lo que te he escrito y luego decidas. Envia LEER al 7550 para leer tu msj cst 1,20E ii exc”
Miro con sorpresa el mensaje y lo releo una y otra vez, si la persona que se está intentando poner en contacto conmigo tiene tanto interés en que le perdone y no piense mal de ella, podría estirarse un poco más y llamar por teléfono o bien ser un poco más explicita…
A continuación decido marcar el número de teléfono, es el 678.86.48.91, para aclarar el asunto directamente charlando con ella, sale el buzón de voz, por ahí no nos podemos comunicar…
Así es que al final, presa por la intriga de quién es ese comunicante anónimo que quiere aclarar las cosas, decido mandar el mensaje solicitado. Pocos segundos después recibo la respuesta:
“Unos quieren el mundo, otros quieren el sol, pero yo solo quiero un hueco en tu corazón. Para abrir el ultimo msj envia ABRIR al 7550”
..o0(¡Juéeee, pero si tengo un amor secreto y yo con estos pelos! ¿Quién será? ¿Será una rosa, será un clavel?... Nada… llamando al 7550 lo sabré…)
¿Quién puede resistirse a enviar el segundo mensaje?
Evidentemente, a éste ya no contesta nadie, el amor secreto donde realmente quería hacer un hueco era en mi cuenta corriente… Ahora a esperar a que llegue la factura de teléfono de este mes a ver por cuando me sale la broma…

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Éste es un ejemplo real, pero hay muchos más, a este tipo de cosas se les conoce actualmente como Ingeniería Social (la manipulación de las personas para que realicen actos que no harían normalmente) y los nuevos medios de comunicación (teléfonos móviles y ordenadores) son los más utilizados. Sirven para obtener ingresos extras, como en este caso, menudo negocio tiene montado el listo que se lo ha inventado, para obtener claves de cuentas bancarias, direcciones de correo electrónico, etc.
Y no se puede denunciar, nadie te ha obligado a que realices la acción, es una decisión que tomas tú por tu cuenta y riesgo, ya somos mayorcitos...
Lo único que se puede hacer, desgraciadamente, es desconfiar y divulgarlo, para que esas actividades sean conocidas por el mayor número de usuarios. Antes de realizar cualquier otro acto, entrar en Internet y averiguar si eso que nos están diciendo le ha sucedido a alguien más, que seguramente será que sí, teniendo la precaución de constatar que las páginas consultadas sean seguras. Haces una búsqueda con Google (o tu buscador favorito) y en menos de un segundo te encuentras con el resultado, a partir de allí es cuando eliges que hacer.
Enviar correos a todos los contactos no es la solución si antes no se contrasta la información que se está enviando, todos estamos acostumbrados a recibir mensajes de esos “importantísimos” y “urgentísimos” que hacen referencia a supuestos virus, timos o mitos urbanos que no tienen ningún sentido y que andan circulando por la red desde hace años, no llenemos el correo de nuestros contactos con ese tipo de mensajes ni favorezcamos que los cazadores de direcciones de correo hagan su agosto.

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Disculpad la moralina, yo soy la primera ingenua que he caído en más de una ocasión en una de estas trampas, pero pienso que de vez en cuando deberíamos recordar que es lo que está sucediendo y cómo, personas sin escrúpulos, se aprovechan de nuestra buena fe.
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Buenooooo.... otro día más sin poder colgar la música, grrrrr!!!!

domingo, 16 de septiembre de 2007

¿Buen servicio? (II)


Vamos de camino hacía la casa de los padres de L en un pueblo de La Mancha manchega de Ciudad Real, hemos salido con retraso y el hambre del mediodía nos pilla por el camino, así es que decidimos hacer un alto para calmar los rugidos del estómago. Por la meseta castellana no se ven demasiados lugares apropiados para ello, pasamos por uno que está muy poco concurrido, ya sabemos lo que se dice de este tipo de restaurantes… poca clientela no es un buen síntoma… Decidimos continuar un poco más y en pocos minutos llegamos a otra venta en la que hay aparcado un número importante de coches y camiones… es buen presagio…

Accedemos al bar que en esos momentos se encuentra muy concurrido, vemos la puerta del comedor que está abarrotado, ninguna mesa libre, nos dicen que salgamos por una puerta lateral, bajemos unas escaleras y encontraremos otro comedor. Así lo hacemos, el acceso es bastante complicado, el tramo de escaleras no está suficientemente iluminado y pensamos que nos hemos perdido, pero al final aparece un local enorme con un gran número de mesas, de las cuales, tan solo las primeras están ocupadas. El camarero nos indica una de las mesas libres, justo enfrente de la salida de aire acondicionado que se nota con intensidad, le pedimos una nueva mesa, un poco más alejada y el camarero nos pone pegas… Parece que vamos mal…

La carta es extensa, un número importante de primeros y segundos, combinados con postre y bebida, un menú completo a un precio bastante aceptable. Escogemos de primero un gazpacho andaluz y unos entremeses (suponemos que en está zona deben de ser de calidad), una escalopa a la milanesa y unos calamares a la romana completan el pedido. El gazpacho es aceptable pero los entremeses dejan bastante que desear, ni siquiera el queso se salva (no hay que olvidar que estamos en La Mancha…). A la hora los segundos la cosa degenera… los calamares se quedan reducidos a un fino hilo elástico de sabor indescifrable rodeado de una abundante masa de harina de color amarillo brillante y la escalopa, que presenta un sospechoso color marrón oscuro, al cortarla parece una lámina de madera chamuscada tanto en la consistencia como en el aspecto. Lo de los calamares es, hasta cierto punto comprensible, el precio del menú es bastante económico, no se pueden esperar milagritos, pero que la carne esté quemada no tiene nada que ver con eso. Rogamos al camarero que retire el plato y lo sustituya por otro “menos hecho”; después de un largo rato, aparece la nueva escalopa algo más comestible. El resto de la comida transcurre con normalidad excepto por la temperatura ambiente que hace pensar que nos encontramos en el interior de un frigorífico. Terminamos, pues, tiritando de frío (ya lo dice el refranero: el español fino después de comer tiene frío) y pensamos subir a tomar el café a la barra del bar donde suponemos que hará un poco más de calor. Pedimos la cuenta al camarero y nos dice que cojamos la nota del pedido y la presentemos en el bar…

Desandamos el camino de acceso al segundo comedor a través de la escalera tenebrosa. Ya en la barra pedimos los cafés: uno sólo descafeinado de máquina con sacarina para una y un cortado descafeinado con la leche del tiempo para la otra. El café solo viene bien, pero el descafeinado es un vaso de leche poco caliente con un sobrecito de café liofilizado.

- Disculpe, por favor, pero el cortado era de máquina. ¿Me lo podría cambiar? –le digo al camarero.
- ¡¡¡Eso debería habérmelo dicho antes!!! –se sulfura el hombre.
- ¿Hay algún problema en cambiarlo? –se interesa mi amiga.

El “atento” camarero retira el café con un gesto brusco y se da la vuelta murmurando palabras ininteligibles (por las formas, se diría que son juramentos en arameo), pasados unos segundos trae el café como lo habíamos pedido. Se gira y de repente se da la vuelta nuevamente, coge con una mano violentamente el sobre de azúcar del platillo y mientras que, dando un golpe encima del mostrador con la otra mano, deposita un sobrecito de sacarina mientras dice: ¡¡¡La sacarina!!! (nadie le había dicho que ese café fuera con sacarina…). Por supuesto me tomé el cortado con sacarina… cualquiera se atrevía a decir algo…

L y yo nos miramos con sorpresa… ¿qué ha pasado? ¿tanto problema representa cambiar un vasito de leche blanca por un café descafeinado de máquina al que se pueden añadir un poco de la misma para hacer un cortado? Me quedo mirando a L fijamente mientras le digo:

- Se me está ocurriendo unan mala idea…
- Sí –dice ella leyéndome el pensamiento- vamos a hacerlo.

Cojo la nota de la comida que había depositado sobre la barra mientras tomaba el café, la doblo cuidadosamente por la mitad y me la meto en el bolsillo del pantalón… me parece que se me va a “olvidar” pagar la comida…

L pregunta cuanto se debe, el camarero “simpático” le dice que dos euros con veinte céntimos, se los abona (sin dejar propina, por supuesto) y salimos muy dignamente del local.

Cuando llegamos al coche nos ponemos a reír con ganas (y también nervios) es la primera vez en que las dos nos vamos sin pagar de algún sitio, pero creemos que en este caso nos lo hemos ganado con creces por el mal trato recibido.


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¿Buen servicio? (I)

Hoy hemos ido a Valencia, y después de callejear un buen rato, nos hemos metido a la sombra en un antiguo mercado modernista reconvertido en zona comercial y de ocio. Es una calurosa tarde del mes de agosto y apetece refrescarse un poco. Damos un garbeo por el paseo central mirando la oferta de las diferentes terrazas instaladas a ambos lados del mismo. Nos llama la atención una de ellas, equipada con unos, en apariencia, comodísimos sillones de ratán, y en allí decidimos instalarnos. Encendemos un cigarrito mientras esperamos al camarero, lo acabamos y nadie nos hace ni caso;, ¿otro cigarrito?... Bien, adelante… Continua pasando el tiempo y seguimos igual…

A lado hay una terraza equipada de una manera más modesta que se anuncia como horchatería… La decisión está tomada, nos levantamos, sin que nadie nos diga nada tampoco, y nos sentamos en la terraza de la competencia, en la que la combinación de horchata con granizado de limón, servida con presteza por una camarera eficiente, nos pareció una auténtica delicia, mucho más tras la espera que acabábamos de padecer.

Evidentemente ya teníamos tema de conversación... ¿el propietario del local, previendo el mal servicio que iba a dispensar y la demora en la atención de los camareros, planificó la colocación de aquellos cómodos sillones para compensar?

Se admiten apuestas…
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