A: Hola, buenos días, acabo de recibir una invitación tuya por aquí y no sé quién eres...
J: Hola, no me diste la dirección ayer?
A: pues no me suena, la verdad
A: cuándo y dónde te di la dirección? De qué nos conocemos?
A: (de cualquier manera soy muy despistada…)
J: trabajas en algo relacionado con la informática?
A: pues no directamente
J: de dónde eres?
J: a qué te dedicas?
A: soy de Barcelona
J: pues entonces estoy despistado
J: no sé de qué podemos conocernos
J: cuántos años tienes?
A: igual ha sido un error y querías agregar a otra persona con una cuenta semejante a la mía…
A: tengo 50 años (muy bien llevados, por cierto, jejeje)
J: jeje, vale, eso de hacerse publicidad está bien
En este punto debo decir que desde el principio de la charla, mi contertulio, por llamarle de alguna manera, a partir de la segunda o tercera frase había puesto una foto en la ventanita de la conversación que correspondía a un hombre de unos 40 y pocos años bastante atractivo físicamente y, por la forma de escribir, parecía también alguien lo suficientemente culto para hacer un uso correcto de la ortografía y la gramática.
J: no tienes una foto?
A: la tengo puesta
J: pues no la veo, sólo un pitufo azul
A: será porque estoy sin conexión
J: puede ser, pero sólo veo el muñeco
A: yo que sé… por lo que llevo visto hay gente para todo en este mundo…
J: ya, ya, pero poner direcciones al azar…
A: bueno, de momento sólo te has limitado a hacerme el “currículum” sin soltar prenda…
J: bueno, pregunta, no te cortes
A: a mí ni me gusta hacer preguntas ni que me las hagan
J: vale, me quedo mudo
A: de todas formas, sí que siento curiosidad por una cosa… de dónde has sacado mi dirección de correo?
J: mira, he agregado dos o tres personas los últimos días
J: alguna relacionada con el trabajo, otras no
J: igual me equivoqué en la dirección
J: hace días que no entras?
A: pues en ese caso seguro que no ha sido por temas laborales, esta cuenta es personal y no la utilizo para el trabajo
J: entras en el Chat de terra?
A: hace mucho que no entro, años…
J: pues ni idea
A: pues yo menos
J: a qué te dedicas?
A: bueno…
J: no puedo preguntar?
A: no he dicho que no puedas preguntar, he dicho que no me gustan las preguntas y, desde luego, me reservo el derecho a contestar…
J: caray, qué genio
J: en qué zona de Barcelona vives?
A: a la personalidad ahora se la llama genio?
J: bueno, era por no darte coba, la verdad es que la palabra adecuada es personalidad
J: pero fuerte
A: bueno, a mí me ha sonado precisamente lo contrario… algo así como… qué borde es esta tía…
J: perdona, no lo he dicho en ese sentido
A: bueno, tampoco pasa nada si así hubiera sido
J: no puedes conectarte para que pueda ver tu foto?
A: voy a seguir siendo borde… y qué interés puedo tener en mostrarte mi foto?
J: bueno, a mí me pica la curiosidad
J: y qué puedes perder por enseñarla (si es verdad que te conservas bien)
A: es curioso, cuando alguien llama por teléfono y se ha equivocado, suele pedir disculpas, se despide y cuelga… sin embargo, por aquí, lo que resulta es que termina picándole la curiosidad…
J: es que no creo en el azar, me gusta entenderlo todo
A: ya ves, a mí esto me suena más a causalidad que a casualidad…
J: bueno, tengo que dejarte, qué tengas un buen día y no trabajes mucho
A: suerte
J: bye, bye
A: (ah, por favor, elimíname, me fastidia tener contactos de esos que no desaparecen del todo. Gracias. )









